COMITÉ DE SOLIDARIDAD CON ROJAVA Y EL PUEBLO KURDO

Somos una organización antifascista, anticapitalista, antimperalista y antipatriarcal. El “Comité de Solidaridad con Rojava y el Pueblo Kurdo” apoya a toda organización que luche por la revolución social y que respete la autonomía del pueblo kurdo en sus procesos políticos, culturales y revolucionarios. El comite se identificara con todas aquellas organizaciones integradas y que apoyen al KCK (Koma Civakên Kurdistán – Unión de Comunidades del Kurdistán)

“Sin novedad en el frente sirio”

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La guerra empezó con pompa, ruido de sables y estruendo de turbinas. A las 3:12 h del viernes 24 de julio, tres cazas F-16 despegaron de la base aérea de Diyarbakir, en el sureste de Turquía, y volaron hacia la frontera siria. Sin necesidad de penetrar en el espacio aéreo del país vecino, lanzaron cuatro bombas teledirigidas contra dos cuarteles del Estado Islámico, más conocido como ISIL, ISIS o Daesh, y contra un punto logístico de la milicia yihadista. La operación en sí duró 13 minutos. A las 4:24, los aviones volvieron a aterrizar en su base.

Era el arranque, por fin, de la guerra de Turquía contra el Estado Islámico. Motivo tenía: La tarde anterior, un tiroteo con una patrulla yihadista en la frontera de la provincia de Kilis había dejado a un soldado turco muerto. El sábado hubo otra operación aérea, y esta vez, los aviones se adentraron en espacio aéreo turco, según afirmaba la prensa progubernamental. Extremo no confirmado oficialmente, pero tampoco desmentido. Desde entonces, el silencio.

Un día después del ataque,  la negra bandera del Daesh volvía a ondear a tiro de piedra de la frontera turca

Fuentes del Gobierno turco no quieren precisar si ha habido nuevos bombardeos, aunque aseguran que “la campaña continúa”. Cómo, dónde, eso es secreto operativo. Y muy eficaz no parece, a tenor de la televisión turca, que el mismo domingo mostró nuevamente la negra bandera del Daesh ondeando a un tiro de piedra de la frontera turca, no lejos del lugar del tiroteo del jueves.

Más al este, cerca de Yarábulus, la única importante ciudad fronteriza con Turquía que sigue en manos de los yihadistas, una excavadora empezaba a levantar un enorme dique a modo de trinchera, aparente defensa del Daesh contra disparos desde el lado turco.

En realidad, las operaciones se van a retomar “con más intensidad” cuando lleguen los escuadrones norteamericanos, añaden los funcionarios del gobierno. Cuánto será eso, nadie quiere definir. Legalmente, nada lo impide ya: el miércoles, el consejo de ministros turco firmó el decreto que abre las bases aéreas turcas – entre ella las de Incirlik – a los aparatos estadounidenses. También podrán usarlas otros países de la coalición antiyihadista, siempre tras dar su visto bueno tanto Washington como Ankara, según concretó la nota del Ministerio de Exteriores.

¿Por qué los yihadistas dispararon contra un puesto fronterizo turco después de dos años de buena vecindad?

El acuerdo ha significado una nueva fase en la cooperación militar turco-americana. Durante meses, Ankara se había negado rotundamente a permitir que los aviones estadounidenses utilizaran la base de Incirlik – compartida por ambos países desde su construcción en 1955 – para realizar misiones contra el Daesh. Sólo podría considerarse en el marco de un acuerdo mayor, indicó el portavoz del Ministerio de Exteriores turco, Tanju Bilgiç, aún en marzo pasado.

¿Qué ha ocurrido ahora? No pudo ser el tiroteo del jueves en Kilis, ya que el día antes, Washington ya había filtrado que este acuerdo se había alcanzado. Queda la pregunta de por qué los yihadistas dispararon de repente contra un puesto fronterizo turco después de dos años de mantener buena vecindad con los soldados turcos a lo largo de cientos de kilómetros de frontera. Buena vecindad o algo más, si hay que creer a los rumores que corren entre los activistas kurdos, según los que los militares pasaron armas al Daesh durante el asedio de Kobani, o los informes de parlamentarios turcos, que hablan de un gran número de camiones de armamento enviado por los servicios secretos turcos a grupos islamistas en Siria. En todo caso, el Estado Islámico nunca tuvo roces armados con las patrullas fronterizas turcas.

“Ya sé que en la prensa dice que fue porque los soldados turcos por primera vez se negaron a dejar cruzar a un yihadista herido”, dice un funcionario turco, descartando esta hipótesis. “La realidad es: cuando hay milicias armadas radicales, nunca sabes cómo van a reaccionar. Pudo ser una cosa individual, un malentendido… podría haber ocurrido en cualquier momento”, defiende.

También puede ser casualidad, desde luego, que el día antes, el Ejército turco enviara a una decena de vehículos con las fuerzas de élite conocidas como ‘boinas rojas’ precisamente a la provincia de Kilis, hecho que la cadena turca NTV tuvo por suficientemente relevante como para dedicarle una fotonoticia ese mismo miércoles, sin que nadie sospechara aún lo que iba a suceder al día siguiente.

“Sólo se trata de frenar la expansión de los sirios kurdos, evitar que conecten sus cantones”

Pero todo ha sido un proceso natural, es la línea que mantiene el Ministerio de Exteriores. Turquía, que ya formaba parte de la coalición antiyihadista y “participaba según sus posibilidades”, ha decidido “profundizar aún más en su cooperación en la lucha contra Daesh” y sus aviones volarán junto a los estadounidenses, dice su nota.

¿O es que Washington le ha ofrecido algo a Ankara a cambio? Exteriores no suelta prenda. Hefiz Abdulrahman, un analista sirio actualmente refugiado en Alemania, cofundador de la organización de derechos humanos kurda Maf, lo tiene muy claro, en cambio: “Sólo se trata de frenar la expansión de los sirios kurdos”. A mediados de junio, la milica kurdosiria YPG logró conquistar el terreno que separa su feudo en el noreste sirio, alrededor de Qamishli, del enclave de Kobani, asediado durante parte del invierno por el Estado Islámico. Unió así dos de los tres cantones que agrupan a los kurdos de Siria. El tercero es Afrin, situado al noroeste de Alepo.

Parecía claro: las YPG, respaldadas por los cazas estadounidenses, pronto lanzarían la siguiente oleada para conectar con Afrin y crear así una coherente franja de territorio kurdo a lo largo de la frontera turca. Un Kurdistán sirio unificado. La pesadilla de Ankara.

Precisamente, el territorio que separa ahora la vanguardia kurda de Afrin está en su mayor parte en manos del Estado Islámico. ¿Cómo evitar que los yihadistas cedan ante las YPG? “La única manera es adelantarse, expulsando al Daesh de la zona y dejándola en manos de una milicia que pueda ser respaldada públicamente por Turquía y Estados Unidos”, concluye Hefiz.

“Primero expulsaremos al Daesh mediante bombardeos aéreos y luego ya veremos quién se hace cargo”

¿Cuál podría ser esta milicia? “El Ejército Libre de Siria”, responde sin dudarlo un alto funcionario turco. Pero ¿esta milicia aún existe? “No lo sé”, replica. Ni él ni nadie lo sabe. Las siglas -FSA en inglés – todavía circulan en comunicados y notas, haciendo gala de su compromiso con una democracia laica, pero el grupo de oficiales sirios disidentes que en los últimos años intentó forjar un comando unificado ya no parece tener influencia alguna en la pléyade de grupos armados que pululan en las provincias de Alepo e Idlib.

“Nuestro objetivo es que no queremos ver al Daesh en nuestra frontera. Queremos reemplazarlo con la oposición moderada. Si nosotros no enviamos tropas al terreno – que no las enviaremos – es obvio que hay que proteger los elementos que colaboran allí con nosotros”, dijo Ahmet Davutoglu, el primer ministro turco, el domingo, anunciando futuros vuelos. Pero quiénes podrían colaborar desde el suelo sigue siendo un misterio. No es creíble como estrategia militar lo que repite un funcionario turco: “Primero expulsaremos al Daesh mediante bombardeos aéreos y luego ya veremos quién se hace cargo”.

De hecho, el reto es ahora encontrar un grupo “comprometido con una Siria unida, pacífica y, en la medida de lo posible, democrática” y a la vez suficientemente potente para vencer al Estado Islámico y mantener la seguridad del territorio, según lo formulan otros altos cargos turcos que piden el anonimato. Una combinación casi inverosímil, en las circunstancias actuales.

También están los 54 combatientes sirios, seleccionados uno por uno y entrenados y equipados en Turquía por instructores estadounidenses durante los últimos meses. “Ya han vuelto a Siria para iniciar su misión”, confirman fuentes de Ankara. Pero la cifra es irrisoria y ha quedado aún más en entredicho tras difundirse ayer que varios de ellos – 6, 8 o 18 según la fuente – habían sido capturados por el Frente Nusra. Noticia desmentida poco más tarde: no habrían sido estos milicianos de élite sino otros, adscritos al mismo grupo, la División 30. En todo caso, enzarzados con Nusra, poco se podrá esperar de ellos como fuerza de choque contra el Daesh.

¿Más candidatos? Está totalmente excluida colaborar con el Frente Nusra, confirman los funcionarios: esta rama siria de Al Qaeda figura en la lista de organizaciones terroristas de Naciones Unidas. ¿Pero qué hay por ejemplo de Ahrar al Sham? Es una de las milicias más fuertes de la zona, cabeza del llamado Frente Islámico que agrupa numerosas brigadas menores. Que es salafista, es decir wahabí, es sabido. Que se niega a instalar una democracia en Siria y busca establecer un régimen islamista lo dicen sus propios portavoces. Que uno de sus fundadores, Abu Khalid Suri, ya muerto, era un alto cargo de Al Qaeda con experiencia en Afganistán, nadie lo pone en duda.

“Para Turquía, Ahrar al Sham, cercana a los hermanos musulmanes, es sin duda la opción preferida”

Pero ¿está en la lista de terrorismo de la ONU? No. Entonces… se encogen de hombros los altos cargos turcos. No se puede descartar como aliado, dejan entrever. Alguno añade que los demás miembros de la coalición antiyihadista -Estados Unidos, Francia, Reino Unido – podrían haber incluido a Ahrar al Sham en esta lista, de haber querido.

“Para Turquía, Ahrar al Sham, una organización cercana a los hermanos musulmanes, es sin duda la opción preferida, pero Estados Unidos no puede aceptar esta milicia”, cree Hefiz: “No tiene un proyecto nacional para Siria, mantiene una estructura de jerarquía religiosa y sigue la ideología del califato: no es tan distinta del Frente Nusra, que a su vez no se distingue mucho del Estado Islámico”. No se fía de ellos: “Cuando el Frente Islámico, al que pertenece Ahrar el Sham, conquistó varios pueblos de la zona de Idlib prometieron primero libertad a los vecinos. A los pocos días empezaron a cerrar tiendas de alcohol, a matar a quien se resistiera… Si ya ahora dicen que no quieren una ‘democracia occidental’ sino un país islámico suní, imagina qué harán cuando tengan el poder. Ahrar el Sham no es bueno para el pueblo sirio”, concluye.

“Quienes esperan una alternativa suní acorde a las normas liberales occidentales se desilusionarán”

Pero esfuerzos para perfilar esta milicia como aliado ideal no faltan: El 10 de julio, el diario norteamericano Washington Post publicó una columna de opinión de Labib Al Nahhas, identificado como “responsable de asuntos exteriores de Ahrar al Sham”, en el que abogaba sin ambages por convertir su milicia en el peón de Estados Unidos en Siria y derrocar a Bashar Asad. El 21 de julio, Labib firmó un texto similar – en la sección de noticias – en el diario británico The Telegraph. Si en el primer evitaba cuidadosamente toda alusión al proyecto ideológico del grupo, en el segundo se sinceró:

“Ahrar el Sham, como grupo islamista suní establecido, profundamente arraigado en el paisaje revolucionario, forge esta alternativa [a Asad y el ISIL]. Pero quienes esperan una alternativa suní “perfecta” acorde a las normas liberales occidentales se desilusionarán con certeza. Como todos deberíamos saber ya, los sistemas políticos y modelos de gobierno no se pueden exportar a Oriente Medio ni esperarse que florezcan donde las experiencias históricas, culturas políticas y estructuras sociales son tan radicalmente distintas. La religión y las costumbres locales deben jugar un importante papel en cualquier acuerdo político que emerja de los escombros del conflicto, y debería ser uno que corresponda a las creencias principales de la mayoría de los sirios”.

Por qué la prensa estadounidense y británica ha puesto sus páginas a disposición de esta publicidad de un grupo islamista radical, firmada por un miliciano prácticamente desconocido, “es una pregunta mucho más interesante que su contenido”, guiña el ojo una diplomática que prefiere no entrar en detalles.

Lo que está definido ya es la zona que Turquía y Estados Unidos mantendrían bajo control: una franja de unos 100 kilómetros de largo entre Yarábulus, en la orilla del Éufrates, y Azaz, al norte de Alepo, con una anchura de quizás 30 kilómetros, hasta Al Bab, donde cazas turcos bombardearon posiciones del Estado Islámico el sábado, según la prensa turca, un detalle no oficialmente confirmado.

Turquía habló de crear una “zona segura” donde podrían agruparse muchos desplazados sirios

Hasta el fin de semana, el Gobierno turco habló de crear una “zona segura”, sin yihadistas, donde podrían agruparse muchos desplazados sirios y a la que podrían regresar incluso, con el tiempo, parte de los 1,7 millones de refugiados sirios en Turquía, aunque en ningún momento se les forzaría a hacerlo, subrayaron funcionarios turcos. Si es legalmente correcto declarar zona segura para civiles un territorio en manos de una milicia rebelde que lucha contra el régimen – y es naturalmente un objetivo militar legítimo de éste – queda en el aire.

Cómo sería posible establecer una administración eficaz y segura en un territorio así y proteger a los civiles no sólo contra la imposición ultrawahabí del Daesh sino también contra saqueos y crímenes de otras brigadas y contra los bombardeos del régimen sirio, es otra pregunta sin responder. Los cazas F16 no bastarán para ello. Incluso si se prevé que Asad no atacará los aparatos turcos ni americanos. “La coalición antiyihadista ha efectuado vuelos hasta sobre Idlib y Hama, y que se sepa no ha perdido ningún avión”, recuerdan en Ankara.

Pero después de que Washington desmintiera, el martes, que tuviese intención de establecer ninguna zona en concreto: ni de exclusión aérea, ni de seguridad, ni de nada, incluso los funcionarios turcos dejaron de emplear el término “zona segura”.

En resumen, exactamente una semana después de lanzar por fin la guerra, todo ha vuelto a una soñolienta tranquilidad veraniega en el frente sirio. La bandera del Daesh sigue ondeando y los planes turcos se han diluido en una indeterminada espera del escuadrón americano.

“A corto plazo, la acción turca es contraproductiva para luchar contra el ISIS”

A no ser, claro, que eso planes fueran desde el principio una gran pantalla para enmascarar la campaña contra el PKK, la guerrilla kurda, que se lanzó ese mismo viernes, un día tras el tiroteo en Kilis, y que continúa a todo gas. No sólo con bombardeos casi diarios contra Kandil, las montañas del noreste de Iraq donde se hallan los refugios de la guerrilla, sino también con una operación policial de amplia envergadura que ya ha enviado a prisión preventiva a un millar de personas. Entre ellas, quizás un centenar sospechoso de pertenecer a redes yihadistas. El resto, acusado de vínculos con el PKK.

¿Y si no es casualidad? El PKK y los movimientos sociales cercanos en Turquía, incluyendo el partido izquierdista HDP, el cuarto del Parlamento, son los mejores aliados de las milicias kurdosirias YPG. Estas que “están entre los aliados más fiables de los militares americanos en Siria, donde se busca desesperadamente a combatientes en los que confiar para controlar el terreno”, según lo formuló el New York Times en un editorial del lunes pasado. “A corto plazo, la acción turca es contraproductiva para luchar contra el ISIS”, concluye el diario. Quizás la guerra fuera eso.

Fuente: M’sur

Autor: Ilya U. Topper (EFE)

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Esta entrada fue publicada en 4 agosto, 2015 por en Artículos y etiquetada con , , , , , , , , , , , .
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