COMITÉ DE SOLIDARIDAD CON ROJAVA Y EL PUEBLO KURDO

Somos una organización antifascista, anticapitalista, antimperalista y antipatriarcal. El “Comité de Solidaridad con Rojava y el Pueblo Kurdo” apoya a toda organización que luche por la revolución social y que respete la autonomía del pueblo kurdo en sus procesos políticos, culturales y revolucionarios. El comite se identificara con todas aquellas organizaciones integradas y que apoyen al KCK (Koma Civakên Kurdistán – Unión de Comunidades del Kurdistán)

La guerra de Paco contra el IS

Jueves 9 de julio. 43 grados. En un lugar de la provincia de Madrid. Enfrente tengo a un muchacho 21 años, 173 centímetros de alto, la cabeza totalmente pelada y unos grandes ojos de color azul intenso. Viste polo granate de manga corta, vaqueros y una hebilla metálica en el cinturón con la hoz y el martillo grabados. Se le acusa de integración en banda terrorista. Hace tres días que llegó a España (está en libertad con cargos) después de seis meses combatiendo en Siria contra el Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés).

– Hola, soy Paco Arcadio, ¿qué quieres saber?

Cuesta llamar de usted a alguien que no hace tanto transitaba por la adolescencia. En mi lugar alguien diría incluso que ese chico educado y tímido, de cara aniñada y ojos penetrantes es un guaperas. Yo busco a otro tipo. Al alumno de notables, al adolescente revolucionario. Al comunista que cuando las balas callaban leía a Harry Potter tumbado en un catre a un tiro de piedra de los encapuchados que cortan cabezas y lo muestran en vídeo a todo el mundo. Busco al aspirante a profesor de Historia que un día, voluntariamente, aparcó la carrera, dejó a su novia y a su familia y mudó en francotirador.

– ¿A cuántos ha tenido en el punto de mira de su rifle?

– A algunos…

– ¿Cuántos?

– Algunos, eso es todo… -responde bajando la mirada.

“Los del ISIS cogían a niños, les disparaban en los pies y dejaban que se desangraban encerrados en una habitación”

A Paco, su alias de miliciano (prefiere que su nombre real siga en el anonimato), no es que le falle la memoria. No sabe o no quiere saber cuántos terroristas del IS ha matado desde el ventanuco de su refugio de piedras carcomidas por los bombardeos. Los recuerdos de los seis meses pasados en aquel vetusto caserío, en lo alto de una colina de Shengal, un monte al noroeste de Irak, donde los kurdos intentaban frenar las masacres y violaciones al paso de los yihadistas del lS que pretender extender su califato, hacen que por momentos se le quiebre la voz al joven. Él formaba parte de un pelotón más grande de españoles que decidieron ir a Siria e Irak para defender a una comunidad minoritaria, la yazidí, y unirse a los kurdos que combaten a los terroristas del ISIS. Los tenía a 50 metros. La orden que recibió al llegar fue tajante: dispara a todo lo que se mueva.

¿Duerme bien?

– A veces… Lo que sí tengo es la conciencia muy tranquila. Después de haber visto y sufrido en primera línea una masacre como aquella, cuesta mucho olvidar. Y por las noches, cuando te vas a la cama, es terrible.

– ¿Por ejemplo?

– Cuando los del Daesh (como se conoce también despectivamente al IS) secuestraron a un grupo de niños kurdos, les dispararon en los pies y los encerraron en una habitación. Poco a poco se fueron desangrando. Todos ellos se murieron entre gritos de agonía. Algo así jamás se te va de la cabeza.

El joven brigadista llegó virgen a la guerra. “Sabía a lo que iba pero de armas, nada, nunca las había manejado”, explica. Tuvo que aprender sobre el terreno, bala a bala. “Mi primera misión la verdad es que fue un poco desastre”, comenta Paco jocoso. “Intentábamos avanzar sobre una posición del Daesh pero estábamos a oscuras, no se veía nada. Cuando se dio la orden de disparar, yo abrí fuego sin mirar. Vacié el cargador entero y sólo logré matar un burro”. Para cuando llegó a Sinyar, un monte sagrado yasidí -la minoría mortificada por el IS- cuya inexpugnabilidad Paco tenía misión de garantizar, este miliciano ya conocía al dedillo todo tipo de armas y hablaba con propiedad del hecho guerrillero. “He aprendido a tomar decisiones de una forma más racional que cuando estaba en España”. Este fue el aprendizaje de alias Paco Arcadio, quien no había acudido a Siria e Irak para jugar en analógico una partida del Call of Duty. Evidenciaba, como ahora, tener la cabeza amueblada. El mismo convencimiento que ha mostrado tras entregarse a la Policía el lunes 6 en Madrid.

“Sacar la cabeza del agujero en el que estábamos para ver el sol era como jugar a la ruleta rusa… He visto morir a muchos camaradas en primera línea… He dejado allí muchas cruces”

“No me arrepiento y lo volvería a hacer”. Su credo, dice, es la lucha internacionalista, a la que se sumó con 19 años (ya en la universidad) tras llegar a la organización marxista-leninista Reconstrucción Comunista. “Yo estoy en esto por principios y por unos ideales de solidaridad y lucha muy firmes. Nadie me ha obligado a nada. Yo no lucho contra los musulmanes, lucho contra el fascismo que encarna el Daesh (Estado Islámico)”.

– ¿Recibió dinero u otra recompensa por ir a la guerra?

– Me dieron comida, balas y una cama. Lo demás ha sido horror…

A medida que va recordando, Paco fuma un cigarrillo tras otro y bebe Coca-Cola bien cargada de hielo. “Era el único placer, el tabaco, que me daba allí”, dice sin que se le pregunte. “Por el día intentaba protegerme del miedo y de una bala perdida que me dejase tirado”, dice. “Sacar la cabeza al sol para respirar o mirar al cielo, era como ponerse una pistola en la sien”.

– Y por las noches, a localizar dianas…

– Bueno… Pegaba el ojo a la mira telescópica del fusil y… una bala, dos… Uno menos. O eso imaginas, porque al disparar con el fusil de francotirador, por el retroceso, no ves bien si has acertado o no.

– ¿A cuántos yihadistas tuvo a tiro de verdad?

(Tras permanecer callado un rato, Paco nos responde que prefiere no contestar).

“Por las noches afinaba la vista y buscaba al enemigo con mi fusil desde un ventanuco. Una bala, dos… Uno menos. Y por el día me protegía de la depresión y de que no me diera una bala perdida”

Paco dice no entender que las autoridades españolas lleguen a tomar represalias con él por haber combatido al enemigo número uno de Occidente. “Yo no soy un terrorista, los terroristas son otros”, enfatiza.

Impone verlo con el pañuelo tapándole toda la cabeza. Más aún con el mono caqui bombacho y faja de los kurdos, y el Kalashnikov en la mano. Paco, con fama de meticuloso y don de mando, era el encargado de montar las guardias nocturnas.

– Dice que en esas horas se protegía del miedo, ¿cómo?

– Mira, llega un momento en que la presión continua es tan fuerte que algunos camaradas flaquean. Da igual que estés a su lado y confíen en ti. Flaquean. Un kurdo con el que había compartido muchos momentos malos me dijo un día: ‘Esto se acaba, Paco’. Al poco tiempo de aquella confidencia, durante una patrulla rutinaria, él se separó y se fue directo hacia una mina terrestre. Reventó con ella.

– ¿Se vino usted abajo alguna vez?

Nunca. Echaba de menos a mis padres, a mis hermanos, a mi novia, a la que dije que me iba a combatir contra aquellos yihadistas locos unas horas antes de partir. Me dejó.

– O sea, que fueron los suyos, la familia, los que de verdad le mantuvieron firme…

– Ellos y por supuesto mis ideales revolucionarios.

– Algunos han hablado de usted como una leyenda en territorio IS.

El miliciano español, con pañuelo rojo, disparando contra los del ISIS desde su escondite. RICARDO GARCÍA VILANOVA

– No, no soy un héroe, no he hecho nada extraordinario. Yo soy un comunista-leninista. Un soldado…

El Paco miliciano comenzó a crecer a edad temprana, en primero de la ESO. “No levantaba un palmo pero mi conciencia de lo que está bien y lo que está mal era ya muy clara”, apostilla. El profesor le había encargado que hiciera un trabajo de curso sobre el papel del bando republicano en la Guerra Civil española. “Descubrí entonces a unos tipos que, sin tener nada que ver con nosotros ni pedir nada a cambio, se vinieron de Estados Unidos, de Francia, de Inglaterra, para luchar como brigadistas. Tenían algo de románticos y también había en aquella gente mucha verdad que, por ejemplo, hoy no abunda”.

“Un camarada no pudo aguantar más y se fue hacia una mina que los de ISIS habían sembrado en un camino. Reventó con ella”

Ya en segundo de Bachillerato, el alumno Paco se toparía con Miguel Hernández. Más que en su literatura, el profesor le propuso que hiciera una campaña homenaje centrada en la vida revolucionaria del poeta y dramaturgo alicantino. A la par irían cayendo en sus manos libros de Marx, como Salario, precio y ganancia; El estado y la revolución, de Lenin, o La cuestión nacional, de Stalin. “Me los empapé todos y, cuando tocó irse, me los llevé conmigo a Siria e Irak”, comenta Paco con indisimulado orgullo. “Ah, y también alguna que otra novela…”. Siento curiosidad, aunque él evita dar nombres. Le insisto y, entre pequeñas risas, el chico duro confiesa que junto al catre en el que dormía guardaba Harry Potter y la piedra filosofal. “Me ayudó a volar con la imaginación en momentos difíciles”, admite todo serio.

– ¿Volvería al infierno?

– Por ahora, imposible, el juez me ha retirado el pasaporte (le imputa el delito de integración en organización armada. Horas después, el martes, EL MUNDO titulaba: “Luchadores en Irak, delincuentes en España”).

– ¿Llegó a leerlo?

– Sí, y pienso, como dije entonces, que es lamentable.

– ¿Y si al final quedase libre, haría de nuevo la maleta?

– En este momento no sabría qué decir. He visto morir a muchos de los míos en primera línea… A hombres y mujeres que no pasarán a la Historia con sus nombres… Sí, he dejado allí muchas cruces, demasiadas cruces. Y lo lamento profundamente. Es lo que siento en este instante.

Poco antes de presentarse a la Selectividad, prueba que superó a la primera con 18 años, el todavía adolescente Paco se había embarcado en una huelga de hambre en Madrid -él prefiere decir “ayuno solidario”- a favor de los presos kurdos. Entonces era habitual verlo organizando actos políticos y culturales con los chavales del barrio madrileño donde vivía. Poco después entraría en Reconstrucción Comunista, una escisión del PCE.

“Entre mis libros de cabecera tenía a Marx (‘Salario, precio y ganancia’), Lenin (‘El Estado y la revolución’) y una novela que me gusta mucho: ‘Harry Potter y la piedra filosofal'”

– Para usted, ¿no queda otra que utilizar las armas para cambiar las cosas?

(Se lo piensa, mira a su jefe de filas que le acompaña desde el principio de la entrevista y éste le da el visto bueno, con advertencia: “No te enrolles”, le dice).

Las armas sólo cuando ya no quedan otras vías, como pasa con los radicales islámicos. ¿Puedo pedir otra Coca-Cola?

(Al terminar la frase, Paco vuelve a mirar a su izquierda como pidiendo aprobación, y el líder se la da. “¿Puedo pedir otra Coca-cola?”, remata el joven miliciano).

Paco rehuye hablar de sus padres y hermanos. Nunca supieron que el pequeño de la familia había elegido irse a la guerra. Lo único que podemos arrancarle es que su padre y su madre forman una familia humilde “de obreros”. “Mi padre siempre me decía: ‘No tienes que ser el mejor, pero tienes que ser muy bueno en lo que hagas’.¿Qué me diría ahora? Quién sabe…“.

El momento de las fotos lo relaja un poco. “Tenéis 15 minutos”, nos marca con tono inflexible el jefe del partido. Llevamos dos horas de encuentro y cada vez surgen más y más preguntas. Paco vuelve a insistir en que, “por seguridad”, no podemos enseñar su rostro. Olmo Calvo, el fotógrafo, había tomado la precaución de llevar en una bolsa cinco pañuelos de diferentes tamaños y colores. Paco elige uno en tonos verdes. Se ve la práctica que ha adquirido al enrollarlo por toda la cabeza. Sólo sus ojos azules quedan al aire. Vuelve la mirada a su jefe de filas y recibe el visto bueno. Cuando llevábamos 22 disparos con la Nikon, le sugiero a Paco que se meta el polo de verano por el pantalón. Al descubierto queda la hebilla del cinturón con la hoz y el martillo dentro de una estrella. “Es auténtica”, explica el brigadista, “de la época de Lenin”. También el reloj digital que llevaba en la muñeca izquierda tiene para él un significado especial. “Lo llevaba un camarada que cayó en uno de los enfrentamientos con los terroristas”, nos explica. ¿Queréis más detalles de lo que llevo encima?, se adelanta Paco mientras se sube ligeramente los pantalones y señala las zapatillas marrones.

– Son las que durante seis meses me acompañaron en la guerra. Las fabrican los kurdos… Están como nuevas.

Mientras posa con soltura, Paco pide al periodista, “por favor”, que ponga en su boca: “Me siento orgulloso de sacrificar mi vida por un ideal”. Y añade: “Y que nadie se olvide de las mujeres, a las que decapitan. Pero ellas no se amedrentan. Ellas luchan igual o mejor que los hombres, en todos los frentes, sin decaer”.

“¿A qué tengo miedo? A que vengan a por mí (los del ISIS) cuando esté sentado en una terraza o paseando por la calle”

Una de las más conocidas es la apodada la Shakira kurda, Helly Luv, una pelirroja de 26 años, estrella del pop y también de la lucha contra el IS. En mayo lanzó un videoclip titulado Revolución en el que aparece acompañada de mujeres armadas y ella ataviada con un cinturón cargado de balas.

– Tenemos que ir terminando -nos advierte. Hay que marcharse, no podemos estar más tiempo en este sitio.

Exprimimos hasta el último segundo. Me queda una curiosidad: ¿Es usted creyente? “Soy ateo”, responde Paco, ya a cara descubierta y sin titubear mientras pide otro Chesterfield.

Antes de despedirnos, con el cielo escupiendo llamas sobre la acera,el miliciano nos promete un nuevo encuentro.

– ¿Terminará usted de historiador?

– Primero seré marxista-leninista, luego, historiador.

– ¿Ahora que está en España, ¿tiene miedo a algo o a alguien?

– Tengo miedo a que mientras estamos aquí hablando aparezca alguno de aquellos y me mate.

– Me decía al principio de la entrevista, como de pasada, que se ve con hijos algún día.

– Claro que sí, me encantan. Por qué no…

– ¿Y qué les contaría de su padre?

La verdad…

Fuente: El Mundo

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Esta entrada fue publicada en 12 julio, 2015 por en Artículos, Entrevistas y etiquetada con , , , , .
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